Los
Trastornos por Déficit Atencional (AD/HD
Por:
Dr. Pablo Antonio Thalassinos.
Este desorden es la etiqueta
diagnóstica más reciente para niños
que presentan problemas significativos de atención,
impulsividad e hiperactividad. Se considera que es la razón
más común de referencia a los psicólogos
y/o tratantes de la conducta, en casi todos los países.
George Still y Alfred Tredgold,
han sido los primeros autores que presentaron un enfoque
serio y dieron una explicación científica
a las condiciones conductuales de estos niños. Tan
temprano como en el año 1902, Still describió
a 43 niños, de su práctica privada que eran
agresivos, desafiantes, resistentes a la disciplina y excesivamente
emocionales o apasionados, quienes además mostraban
poca inhibición de su voluntad. Estos niños,
mochas veces manifestaban inatención a las reglas,
crueldad, actitud rencorosa y deshonestidad. Su característica
especial era que requerían una gratificación
inmediata de su “self”. (de su yo).
En 1902, ya se habla de
que el alcoholismo, la criminalidad y los desórdenes
afectivos, tales como la depresión y el suicidio,
eran relacionados biológicamente a los trastornos
por déficit de atención (TDA). Algunos de
los niños estudiados manifestaban una historia de
“daño cerebral” significativo o convulsiones,
mientras otros no. Unos pocos estaban asociados a desórdenes
de “tics” o “microquinesias”, quizás
siendo ésta la primera vez que los desordenes de
tics y el TDA se consideraban condiciones comórbidas.
Barkley reconoció
recientemente (1998), que tanto el 70% de los niños
con desordenes de tics y el síndrome de Tourette,
se asocian al ADHD.
Aunque se ha reportado
que algunos niños con este problema tienen una vida
familiar caótica, la mayoría viene de hogares
con estándares de crianza adecuados. Aunque podemos
decir que muchas veces la sintomatología presentada
por estos niños perturba el ambiente familiar, especialmente
cuando los padres discrepan con relación al manejo
de sus comportamientos perturbadores.
De 1908 a 1956 se utilizó
la teoría de un daño cerebral temprano, leve
y a veces sin detectar, para explicar fallas en el desarrollo
tardío y deficiencias en el aprendizaje. Se consideraba
ya entonces, que el mejoramiento temprano en la conducta,
podría lograrse alterando el ambiente y por la instauración
de una terapia de medicamentos.
También se hizo
énfasis en la necesidad de ambientes educativos especiales.
Estudios realizados entre
1923 y 1925, incorporaron tres características que
aún hoy son validas para los casos de ADHD. Estos
niños, decían en aquel entonces, se caracterizaban
por deficiencias o daños en 1) la atención,
2) la regulación de la actividad y 3) la impulsividad,
así como de otras habilidades cognoscitivas, incluyendo
la memoria, y comportamientos socialmente perturbadores.
De 1939 a 1952, se estudió
a niños con traumas al nacer, infecciones cerebrales
(i.e. sarampión), toxicidad de plomo, epilepsia y
golpes en la cabeza, estos casos fueron asociados a diferentes
inhabilidades cognoscitivas y conductuales, incluyendo la
tríada de síntoma de ADHD arriba mencionadas.
En 1947 nació el
término de “niños con daño cerebral”,
a pesar de que muchos no contaban con suficientes evidencias
de patologías cerebrales. En los años 1950
y 1960, este término evolucionó hacia el concepto
conocido como “daño cerebral mínimo”,
que eventualmente y por muchos años se llamó
“disfunción cerebral mínima”.
En la década de
los 70, la medicación con estimulante se convirtió
en el tratamiento de escogencia para los síntomas
de los trastornos por déficit de atención,
que hasta la fecha se utiliza.
A finales de los años
50 y principios de los 60´s, aparecieron revisiones
críticas cuestionando el concepto unitario de síndrome
de daño cerebral en niños. A medida que la
insatisfacción con el término de disfunción
cerebral mínima (DCM) se acentuaba, éste desaparecía
y se reconocía como vago, muy inclusivo, sin valor
prescriptivo y sin evidencia neurológicas sólidas.
Más tarde ese término (DCM) fue reemplazado
por etiquetas más específicas aplicadas a
poblaciones más homogéneas de desordenes cognoscitivos,
de aprendizaje y de conducta, tales como dislexia, desórdenes
del lenguaje, desórdenes del aprendizaje e hiperactividad.
Estas etiquetas se basaban en la observación y descripción
del déficit de los niños.
De los años 1970
a 1979 fue la ausencia de la utilización del término
de déficit de atención (DA). Se empezó
a definir al niño hiperactivo con características
como impulsividad, lapso de atención corto, baja
tolerancia a la frustración, distracción fácil
y agresividad.
Virginia Douglas fue la
que impulsó el nuevo término “déficit
atencional” (DA). Ella argumentó que el déficit
en la atención sostenida y el control de impulsos
eran más vistosos que la misma hiperactividad. En
los años 80, Douglas elaboró su técnica
de hiperactividad y se convirtió entonces en el modelo
de Douglas de déficit de atención.
Douglas hablaba de cuatro
grandes déficits responsable por los síntomas
de desorden por déficit hiperactivo de la atención
(ADHD).
Primero, la inversión,
organización y mantenimiento de la atención
y el esfuerzo de la atención y el esfuerzo; segundo,
la inhibición de la respuesta de impulso; tercero,
la modulación de los niveles de excitación
para llenar demandas situacionales; y cuarto, una inclinación
fuerte inusual de buscar refuerzos o volver a empezar inmediatamente.
Estos estudios de Douglas
fueron influyentes para que la Asociación Americana
de Psiquiatría utilizara la clasificación
de ADD en su Manual de Diagnósticos DSM III. También
concluyeron que la hiperactividad era muy situacional en
la naturaleza en los niños. De allí el AD/HD,
o sea déficit atencional con o sin hiperactividad.
Los años 90 vieron
desarrollos significativos en el campo del ADHD.
En 1994, se establecieron
nuevos criterios para este desorden, en el DSM – IV,
aportando varias mejoras al DSM III-R. Aquí vuelven
a introducir criterios para el diagnóstico de pura
“inatención”, que es similar a lo que
era ADD sin hiperactividad, que apareció por primera
en 1980.
Durante la década
de los 90, el punto de vista prevaleciente se concentró
en los factores genéticos y neurológicos,
aunque este último es el más aceptado, según
explica Barkley en 1998.
En cuanto a los medicamentos,
la utilización de farmacología en el manejo
de este problema continúa aumentando su popularidad
dramáticamente, en donde se demuestra la eficacia
de los estimulantes, en el tratamiento de este problema.
Barkley coincide en que el tratamiento con medicación,
combinados con programas de tratamiento psicosocial y educativos,
siguen siendo la norma de recomendación para el manejo
del déficit atencional.
Para concluir, permítanme
decirles que el trastorno por déficit de atención
debe ser una preocupación para padres y maestros.
Debemos estar atentos a la aparición de ciertas dificultades
que los niños tengan en:
poner atención
aprender a deletrear o leer
recordar hechos matemáticos
completar tares
recordar información
comprensión
haber trabajado muy duro para lo logrado.
El desorden por déficit
de atención por hiperactividad es reconocido en los
estudios de Douglas y Barkley, quienes manifiestan, al igual
que el DSM – IV, que su inicio, por lo menos en la
mitad de ellos, ocurre antes de los cuatros años.
Mientras que el ADHD tiene a ser evidente a través
de la niñez, con una incidencia de entre 3 y 5 %
de la población, sus características observables
son menores en el adulto.
Aquellos jóvenes
y adultos, según McCarney, que continúan demostrando
características de ADHD tienden a mostrar señales
más obvias de trastornos negativistas oposicional
desafiante o de desorden de conducta. Mientras que el funcionamiento
tanto social como escolar es afectado, por lo general resultando
en cierto grado de fracaso en la escuela, el niño
con ADHD no es formalmente diagnosticado como tal hasta
que el o ella entren a la escuela.
Sin embargo los pediatras
de hoy están tan bien versados en este problema,
que ya desde muy temprano predicen este problema y refieren
el niño al psicólogo o al neurólogo.
Referencias.
1- american Psychiatric
Association (1994): Diagnostic and Statistical Manual of
Mental Disorders (4th ed). Wahintong, DC: Author.
2- American Psychiatric Association (1987): Diagnostic and
Statistical Manual of Mental Disorders (3th ed., rev.).
Washintong, DC: Authir.
3- Barkley, Russell A. (1998): Attention – Deficit
Hiperactivity Disorder: A Handbook for Diagnosis and Treament.
New York: The Guilford Press.
4- Douglas VL, Peters KG (1979): Toward a clearer definition
of the attentional deficit of hyperactive children. New
York: Plenum.
5- Lee, Kang (2000): Childhood Cognitive Development. Oxford:
Blackwell Publishers.
6- Snowling, Margaret J (2000): Dyslexia. Oxford. Blackwell
Publidhers.
7- Wicks-Nelson, Rita, & Israel, Alen C (1997): Behavior
Disorders of Childhood. New Jersey: Prentice Hall.